miércoles, enero 23, 2008

El genio intermitente


Desapareció para siempre Bobby Fischer a los 64 años, tantos como casillas tiene el tablero (no soy el primero ni el último en decirlo). Desapareció el mismo genio que surgió en Chicago como un trébol de cuatro hojas, para ser campeón de los Estados Unidos con 15 años y comenzar su epopeya, la de enfrentarse solo a todo el imperio soviético. Fue antes de que yo naciera, en 1972, el mundo posó sus ojos en Reikiavik, donde se escenificaba la guerra fría. Ganó él. Solo él. Su rareza, su individualismo, era algo tan nuestro... Luego desapareció.

Apareció de nuevo para desafiar a otro imperio, el estadounidense, aceptando el dinero de un millonario serbio y jugando en Belgrado durante el embargo a Yugoslavia. Desde entonces, desde 1992, era un prófugo. Volvió a desvanecerse.

En el año 2001, el gran maestro inglés Nigel Short afirmó haber jugado contra un ciclón que le venció en 50 partidas rápidas en internet. Estaba seguro al 99% de que el anónimo contrincante de "inconcebibles recursos y velocidad" era Bobby Fischer. Se le volvió a perder la pista. La red se llenó de gente que decía haber jugado contra él, o ser él, o su prima.

En 2004 el prófugo reapareció en Japón. Era detenido en un control rutinario y sólo la intervención del gobierno islandés, tramitando su nacionalización (al hombre que asombró al mundo en Reikiavik) le salvaron de ser extraditado. Volvió a mecerse en un terapéutico olvido. Salvo en la ocasión en que llamó a la televisión islandesa para comentar una partida que acababan de retransmitir. El ajedrez no era como la vida. El ajedrez era la vida. En ese mundo calmoso de emboscadas y golpes de ingenio se sentía como en casa. El jaque mate era previsible, antes o después llegaría. Pero lo peleó, ya enloquecido por su esquizofrenia.

La crisis continua es nuestro sino. Me he acordado hoy de Fischer, de sus desaparciones, de la profundidad de sus partidas (que por mucho que las lea en los libros jamás llegaré a entender), y me he acordado de un post que escribí hace tiempo, y que me hace pensar, precisamente hoy, en mi actual bloqueo mental: ZUGZWANG

Mueven blancas y pierden.



La amenaza de la derrota es más terrible que la derrota misma
(Anatoli Karpov)
.

7 comentarios:

la maru dijo...

No conocía las idas y venidas del ajedrecista pero me parece un tipo interesante.
Tranquilo los genios también se bloquean.

HombreRevenido dijo...

Fue todo un personaje, Maru, sin duda.

Lo mío es otra cosa diferente a la genialidad. Más bien lo contrario.

Anay dijo...

No sé mucho de ajedrez ni de Fischer, pero me da la impresión de que Jairo A. Niño algo sí sabía.

¿Qué es la tristeza?
La tristeza
es un ajedrecista
que siempre juega
con las piezas grises.

HombreRevenido dijo...

Qué apropiado para el día de hoy, Anay. La verdad es que este Fischer, otra cosa no, pero jugaba o con blancas o con negras, nada de grises.

Alberto Colombo dijo...

Fue un genio...sus partidas con Boris Spasky memorables.

Y como todo genio tuvo raptos de locura , inclusive se dice que cerca del final tenia alucianciones.... serian alucinaciones ?

engarde dijo...

Aunque yo soy más de "damas" que de ajedrez, este tío era un figura, gracias maestro por recordarlo.
A ver si desempolvo el tablero y engaño a alguien para hechar unas partiditas...que me ha entrado el "mono", no sé porque será.

HombreRevenido dijo...

Alberto, estaba regular de la cabeza, eso es algo que a veces le pasa a los tipos con un coeficiente intelectual por encima de 180 (una barbaridad). Al menos no uso su mente para el mal.

Engarde, las damas se comen, se montan... tampoco es mal juego ese.
Yo en cuanto resuelva algunos asuntillos que me turban volveré a jugar. De momento contra la computadora (que se deja insultar).