domingo, enero 20, 2008

Elige tu propia aventura (y 6)


Reconozco su voz, apagada por el pánico.
- Entró alguien, forzó la cerradura y... le disparé.
Lo que me faltaba, un poli muerto en casa. La cosa se pone fea, ni "El Ruso" perdonará mi huida, ni creo que el fiscal del distrito encaje bien ese cadáver de más. Tengo que pensar rápido.
- Dirígete a Uppon Square, busca la consulta del Dr. Phoeller. Nos reuniremos allí - digo - ah, e intenta no matar a nadie más.

Tarda demasiado. La venda, el diagnóstico, el descanso, espero sentado a que ella aparezca. Persiste el dolor, pero necesito la mente despejada, nada de calmantes. Si acaso un bourbon.

Despierto y Stella está frente a mí, demacrada por el miedo. No debo sacar mejor aspecto a juzgar por cómo me mira. Hasta su compasión es irresistible. Doy las gracias al doctor, que me debía un favor por un asunto turbio de corrupción de menores. Empieza a ponerse el día. Salimos de allí.

Como suponía fue Logan quien le habló de mí. "Un tipo sin escrúpulos, pero con tiempo libre para ayudar". Menuda definición. Fue Logan quien me recomendó a "El Ruso" en su día. Y el que me metió en esta carambola a tres bandas. Nunca nadie acumuló tantos méritos para morir. Sonrío por dentro.
- ¿Qué hacías tú allí la noche del asesinato? - pregunto a bocajarro.
Se queda sorprendida.
- Yo... yo no le maté. Yo no podría... - cada vez más nerviosa.
- Ayudaría que respondieras.
- Logan es mi hermano. Me llamó y fui.

Me cuenta que le dio una llave dorada. La enseña. La llave corresponde a un apartamento en el condado de Gloucester. Allí está lo que él les robó.
Dice robar con disgusto, como si quisiera ignorar que su hermano era una rata de alcantarilla, una mente criminal perversa. La llave, sin la dirección, no vale nada. Para eso era necesario que él estuviera vivo; eso "El Ruso" lo sabía. Cuando sospechó, cuenta ella, que alguien más le buscaba, se aseguró de que si le mataban alguien de confianza tendría esa información.
- Sé que vale mucho dinero - comenta. Yo sé que Logan rechazó un cuarto de millón de dólares.
Memorizo la dirección. La abrazo hasta que se tranquiliza.

Es medianoche, ella duerme en el sucio hotel en el que nos escondemos. Me levanto y cojeo hasta el teléfono. Aprieto la llave dorada como si estuviera a punto de lanzar los dados.
- Nikolai, viejo zorro, disculpa mis modales de esta mañana. Ya sabes, no me gusta que me torturen. Escucha, ¿no tendrás por ahí diez de los grandes para un viejo amigo?


FIN
.

6 comentarios:

La gata Lola dijo...

¿La traiciona y fin?
Todos los hombres sois iguales! Por eso prefería a los extraterrestres...

Expatriado dijo...

Me gustó la historia, aunque me incorporé tarde y no participé en las decisiones.

Mu gustó que no incluyeras en el relato esas frases en segunda persona de los libros de elige tu propia aventura. Eso de "ahora vas y te mueres lentamente" no me parecía nada bien.

Bravo!!

Duende dijo...

Buen relato Hombrerevenido... y espero que algún día continues con las opciones menos votadas.

HombreRevenido dijo...

No tiene por qué traicionarla, Gata Lola. Si fueras más positiva pensarías que Darius negocia para poder empezar una nueva vida con ella, lejos de la ciudad y los problemas.
Es lo que tienen las votaciones, puede ser al mismo tiempo un final bueno y malo. Depende del enfoque que cada uno quiera darle.

Expatriado, se ha hecho lo que se ha podido. La mayoría de las decisiones fueron abrumadoramente mayoritarias, excepto la última, un curioso empate técnico.

Duende, gracias. No es mala idea, continuar con todas las ramificaciones posibles. Pero dejo esa tarea para otro año. Cuando me haya quedado sin lectores y tenga que pasar las horas muertas en la cárcel.

engarde dijo...

Fántastico!!!Ya casi me había olvidado de la novela negra, tendré que retomarla.
Además, estos finales que te dan para pensar más alla de la historia me encantan.

HombreRevenido dijo...

Engarde, lo celebro con matasuegras y todo. No te creas que conozco mucho la novela negra, yo sólo quería entreteneros un poco.

Si encima os hago pensar para conjeturar qué esconden las elipsis. Ya sería la hostia.