sábado, octubre 04, 2008

Mañana


Cuenta Borges, ya que estábamos con los microrrelatos de ira (magnífica ira contenida, por cierto, contradictoria y bella como la prosa poética):

Magnus Barford, en el año 1102, emprendió la conquista general de los reinos de Irlanda; se dice que la víspera de su muerte recibió este saludo de Muirchertahc, rey en Dublín:

Que en tus ejércitos militen el oro y la tempestad, Magnus Barford.
Que mañana, en los campos de mi reino, sea feliz tu batalla.
Que tus manos de rey tejan terribles la tela de la espada.
Que sean alimento del cisne rojo los que se oponen a tu espada.
Que jamás hayas sido tan valiente como mañana en tu batalla.
Que te sacien de gloria tus muchos dioses, que te sacien de sangre.
Que seas victorioso en la aurora, rey que pisas Irlanda.
Que de tus muchos días ninguno brille como el día de mañana.
Porque ese día será tu último, Te lo juro, rey Magnus.
Porque antes que se borre su luz, te venceré y borraré, Magnus Barford.


Del Anhang zur Heimskringla (1893), de H.Gering.
.

6 comentarios:

Ana arándanos dijo...

Le faltó añadir un escueto: "Pa que vuelvas"

HombreRevenido dijo...

O un "ahora vas y lo cascas", que hubiera quedado muy expresivo. Los sajones tenían que decir cosas de esas, Ana. Y Borges lo sabía, pero no lo quiso poner.

Pistols dijo...

No se si viene mucho al hilo, pero es que me ha venido a la cabeza al leer estas lineas. Esta es una de las frases que mas me han impactado, su autor es desconocido, pero bien se merece, que lo recordemos citandole:


Una sola persona puede comenzar una guerra, pero se necesitan por lo menos dos para firmar el armisticio

HombreRevenido dijo...

Pues no sé si viene mucho al hilo, Pistols, pero la frase es una gran verdad, y no viene mal recordarla.

Ender Muab'Dib dijo...

Me ha recordado inmediatamente a otro texto diametralmente opuesto cuya autoría no es clara pero que también desea la derrota, esta vez de Ricardo III. Parece estar basado en un diálogo del fantasma del duque de Clarence, asesinado por Ricardo III en Macbeth, de Shakespeare. Se especula que pueda ser "el conjuro de Bakio, un anatema guerrero al que Shakespeare recurrió para maldecir a Ricardo III y asegurar su derrota en la última batalla contra Richmond.” No obstante, lo mismo da.

Mañana en la batalla piensa en mí,
y caiga tu espada sin filo: desespera y muere.

Pese yo mañana sobre tu alma,
sea yo plomo en el interior de tu pecho
y acaben tus días en sangrienta batalla:
caiga tu lanza.

Piensa en mí cuando fui mortal,
desespera y muere.

Llena ahora tu sueño de perturbaciones.
Mañana en la batalla piensa en mí,
y caiga tu espada sin filo.

Mañana en la batalla piensa en mí,
cuando fui mortal,
y caiga herrumbrosa tu lanza.

Pese yo mañana sobre tu alma,
sea yo plomo en el interior de tu pecho
y acaben tus días en sangrienta batalla

Mañana en la batalla piensa en mí,
desespera y muere.

HombreRevenido dijo...

Ender, gran aportación, sí señor.
No he leído "Ricardo III" pero conozco bastante bien "Macbeth".
Tengo la sensación que cuando los dos, Borges y Shakespeare, se ponían épicos, cuando se les escapaban los epítetos de guerra, bebían de las sagas nórdicas.
Es normal que ambos textos, siendo diferentes, tengan algo latente en común.