jueves, enero 18, 2007

Autodefensa (monólogo interior en 5 pasos)


Ante la carencia expresada por la situación motivacional adquiría la certeza de que era incapaz de conseguir sus propósitos. Entrando en una espiral de autodefensa casi mecánica.

Justificándose (porque ella es una mujer muy especial; porque yo soy un hombre y tengo necesidades de hombre y desorganizo mi comportamiento como hombre que soy, y cómo va a parecer raro que ella me enloquezca siendo que soy, sin tener posibilidad de elección, un hombre).

Proyectándose (que nadie se alarme por algo tan corriente).

Reaccionando (si además toda su vida fue una zorra).

Teorizando (lo que sucede es que hay mujeres tan idealizadas por la cantinela abúlica del tiempo, tan cada vez más bellas por el avance cuasimarxista de la cosmética, tan superficialmente valoradas, tan acuciadas por el influjo aciago de los demás, tan adictas a los besos, y a las miradas, y a los sueños, tan desnudas, tan puras, tan vanidosas, tan apasionadas, tan soñadoras del morganático flechazo en la calma paciente con la que se espera ver llegar por el horizonte al príncipe azul, tan inventoras de juegos con los que edulcorar la vida, tan radiantes con el perfume latente del verano en la piel, tan tramposas cuando deshojan una margarita, tan cotidianas, tan ciertas, tan transparentes, tan tomando café sin saber qué decir, tan capaces de esperar, de volver, de hacer perder el orgullo, tan ofertantes de la manzana del árbol de la sabiduría, tan inolvidables que, por mucho que se quiera evitar, causan trastornos apreciables en los aparatos cardiovascular, respiratorio, reproductor y nervioso).

Sustituyendo (voy a seguir bebiendo).
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