sábado, diciembre 26, 2015

¡Oro en Huesca!

La historia me la contó Carlos Garcés Manau, un oscense de los buenos, de los que hacen cosas. Mi post son 20 latigazos en la espalda comparados con la gracia con la que lo cuenta él.



10 de octubre de 1955, un grupo de obreros de la construcción trabaja en un solar de la calle del Parque. Uno de ellos, Valeriano Buisán, golpea con el pico lo que parece un recipiente de cerámica. En el interior encuentra algo que no le impresiona demasiado, "hojalatas de los chorizos", según su propio relato de los hechos.
En realidad, visto más de cerca por gente que entiende, se trata del mayor descubrimiento de monedas de oro almohades (del siglo XII). Se podía decir que su valor arqueológico era incalculable, aunque el bueno de Valeriano, aragonés obstinado, se empeñó en calcularlo.
Pesó las monedas: 1 kilo 300 gramos, y al día siguiente empezó a venderlas.



La edición local de la Nueva España se hizo eco del hallazgo 5 días después. La hemeroteca no me deja mentir, el titular era bastante claro: "¡Centenares de monedas de oro en el suelo de Huesca! Han sido halladas en la Zona del Ensanche de la capital por un obrero".
El revuelo pilló a nuestro Indiana Jones en Barcelona, hospedado en casa de su hermana y liquidando el tesoro como buenamente le daba Dios a entender. Dos inspectores de policía lo interceptaron, y el 17 de octubre estaban de vuelta él y todas las monedas que había vendido o regalado.

También el ABC lo recogía:



Imaginad el revuelo en Huesca.
El 20 de octubre, la Nueva España fue a entrevistar al interfecto y en la descripción de su casa dejó este párrafo para la historia:
"La planta baja está totalmente ocupada por “calés”. Guapas ellas, ellos, “morenos”. En todos un humor de circo. Viven bien porque se han hecho esta composición de lugar: la risa engorda. ¡Qué lo diga la “Mandunga”, con mayor frontón que el del Parque del Deporte! Les preside el “Rey”, a cuya vera nacen, crecen y ¡no mueren! sus descendientes”. El reportero les hace, incluso, algunas preguntas: “-¿Vieron ustedes las monedas? Sí, señor. Relucían como ojos de gato en la noche. -¿No les apetecían? Ay, no, señor. Nosotros no queremos lo que no es nuestro. “Semos” gitanos muy honrados que nos ganamos el pan como Nuestro “Siñor” manda".

Al final al señor Valeriano le leyeron la cartilla sin más. Y contento se quedó, porque le tocó un buen pellizco del valor de tasación de las 496 monedas, que fueron enviadas a Madrid, no sin cierta polémica, porque algunos creían que debían guardarse en el Museo de Huesca.
¿Dónde están ahora?

Las busqué y las encontré en el Museo Arqueológico Nacional.



Catalogadas como el "Tesoro de Huesca", son monedas árabes de curso legal en un territorio conquistado por cristianos, y ocultas junto a la antigua Judería. Pero ¿qué más historias esconden? ¿Quién las dejó allí y por qué? ¿Alguien enterró el tesoro antes de una batalla o antes de una huida precipitada?
Algún día tengo que hacer mi propia conjetura y atreverme a escribir el drama de esa terrible fortuna abandonada durante siglos.
O si vosotros ya tenéis un buen principio, os regalo este final.

5 comentarios:

sonia dijo...

Yo estoy convencida de que debajo de mi casa deben de haber muchos tesoros de estos.Seguro que picando,aparecerían muchas ruinas milenarias.Tengo que averiguarlo,simio.

Carmen J. dijo...

Era mucho dinero en la época ¿no? Lo digo porque eso puede condicionar la historia que te inventes. Porwue te la vas a inventar ¿no?

Luxindex dijo...

El mundo de los tesorillos…

HombreRevenido, lo que son las cosas según vete tú a saber: un mismo suceso puede merecer apenas una nota de prensa y luego el olvido, o bien volverse en el vivo himno carnavalesco de un pueblo.

Hablo del tesorillo que comentas se encontró en un solar (calle del Parque, Huesca, 1955) y de otro que algo más de medio siglo antes apareció a la orillita del mar (playa de la Cortadura, Cádiz, 1904) y que desde entonces, año tras año, el pueblo canta en el teatro Falla y, sobre todo, en calles y plazas.

¿Quién, mejor o peor, no se sabe este tanguillo?

«Aquellos duros antiguos
que tanto en Cádiz dieron que hablar,
que se encontraba la gente
en la orillita del mar,
fue la cosa más graciosa
que en mi vida he visto yo.

Allí fue medio Cádiz
con espiochas;
y la pobre [de] mi suegra
y eso que estaba ya media chocha;

Con las uñas a algunos
vi yo escarbar
cuatro días seguidos
sin descansar.

Estaba la playa
igual que una feria
¡válgame san Cleto,
lo que es la miseria!

Algunos pescaron
más de ochenta duros
pero más de cuatro
no vieron ni uno.

Mi suegra, como ya dije,
estuvo allí una semana
escarbando por la tarde
de noche y por la mañana;
perdió las uñas y el pelo,
aunque bien poco tenía,
y en vez de coger los duros
lo que cogió fue una pulmonía.

Y en el patio de las malvas
está escarbando desde aquel día».


¡¡Todos juntos, sacando pecho, apretando culo y vengan esas palmas!!

Mi suegra, como ya dije…

NáN dijo...

¿Nueva España sigue teniendo sus páginas güesconsinianas? ¿Las entrevistas las hace algún descendiente del que hizo la de los "calés"?
Mañana no, que es domingo y seguro que cierran. Pero el lunes sin falta ve a la oficina y me suscribes. Ya te te envío los gastos desde la cuenta donde me ingresan la jubilación.

HombreRevenido dijo...

Sonia, hay que destrozarlo todo para encontrar el tesoro con el que arreglarlo todo. Esa es la buena filosofía.

Carmen J., cualquier día de estos me arranco y escribo el principio de la historia. Debía de ser un pastón en aquella época. Y se preocuparon de ocultarlo muy bien.

Luxindex, cuánto arte y cuánta gracia. Genialidad total.
Necesitamos unas coplillas del tesoro de Huesca, no descarto ponerme a ello.

NáN, ya no es la Nueva España, hace tiempo que es el Diario del Altoaragón. No está mal del todo pero nada se compara a la gracia de aquel reportero de los años 50. Una lástima.