Estoy dispuesto a hacer un ejercicio de instrospección, de investigación interior con cámara oculta. Hay que tratar el asunto con rigor y metafísica.
Hoy cumplo 38 años y, a priori, no encuentro signos externos ni de entusiasmo ni de depresión. Me enfrento a mi propio misterio. Voy a desenmascarar al simio cínico que mueve los hilos de este... simio cínico.
La cuestión es sencilla. Cuando uno lee un libro, ve una serie o una película tiende a identificarse con los personajes. Es un ejemplo asombroso de empatía. Llevamos solamente unos minutos al lado del personaje y ya nos preocupan sus problemas, sus miedos, su dolor, y celebramos sus alegrías, sus logros. El Yo que observa se distingue a sí mismo como algo esencialmente distinto de lo observado, sin embargo no puede evitar esa tendencia natural a identificarse con él.
Algo similarmente igual sucede conmigo mismo y mi mecanismo.
Por un lado hay un mono que actúa, que se inhibe, que va y viene, que sufre y goza. Y por otro lado una conciencia que lo observa todo en segundo plano, que mira por mis ojos como quien mira por una ventana.
El simio no es un personaje excesivamente bien trazado, es algo plano, incoherente, irritante incluso, pero ¡demonios!, en 38 años le he cogido bastante cariño.
Y además tengo la sensación de que esta teleserie extraña va a mejorar muchísimo y pienso seguir viéndola. Así que nada de spoilers.
Hoy haré una pequeña fiesta en la que habrá globos y serpentinas.
Es lo que hago todos los días del año, así que apenas se diferenciará de un día normal.
Y a vosotros... vaya, tanto hablar de mí y me había olvidado de vosotros.
No sé... tomaos el día libre.