jueves, noviembre 28, 2019

Servicios mínimos


Si ya escribimos el post anterior sin contar nada en absoluto. No creo que sea difícil escribir un post-erior que lo mejore. Es cuestión de deslizar unas cuantas frases de arranque y luego dejarse llevar.

Porque cualquier cosa con una foto llamativa y tres párrafos ya es un post. Si lo pensamos, no tengo excusa para no escribir en el blog, ya que cualquier cosa vale. Me gusta encontrar este refugio, este mínimo común múltiplo.
¿Cómo es ese blogger? Cumplidor.

Bueno, yo ya he terminado, pero como hemos dicho que hace falta un tercer párrafo para que no parezca que escurro el bulto y os tomo el pelo, aquí sigo. Que no se diga. Yo lo doy todo por vosotros, me entrego al máximo común divisor. Para que luego digan que no sirven de nada las matemáticas de EGB.

martes, noviembre 26, 2019

Compro-misa


¿Por qué somos tan así? ¿Por qué nos pasa siempre que cuando llega el momento importante, el momento de la verdad, no acabamos de sonar todos en la misma sintonía?
Desde aquí me gustaría recalcar nuestro compromiso por mantener la dirección, e incluso el sentido, que desde el primer momento ha guiado los designios de esta vuestra Academia.

Algunos dirán que hay que cambiar. Contra esa legítima reclamación, ponemos sobre la mesa la premisa de una auditoria moral, una sencilla depuración de los objetivos. No hace falta ir más allá de lo evidente. Bastará con ir hasta donde la razón nos acompañe, sin avasallar, dando rienda a nuestra inveterada y prolija buena intención.

Sé que estamos ante un reto mayúsculo, que me comprendéis y sabréis discrepar desde la tolerancia, enfatizar desde la máxima humildad y hacer el esfuerzo de acompañarnos mutuamente en este remolino de ideas especulares, que no pertenecen más que a quienes se atreven a enarbolarlas.

Podéis ir en paz.
Si queréis, os guardo lotería.

jueves, noviembre 21, 2019

Instinto complejo

Están echando "Instinto Básico" en Calle 13.
Calle 13 es un canal, no una calle. Imagino que eso lo sabéis, pero no puedo arriesgarme con vosotros.

La cuestión es que hay un momento en mitad de la película en la que están Sharon Stone y Michael Dogulas jugando al cinquillo horizontal y parece que Sharon Stone va a matar a Michael Douglas, pero el espectador sabe que es un truco, que Sharon Stone no va a matar a Michael Douglas porque todavía estamos en mitad de la película. Que, si acaso, lo puede matar o generar esa intriga en los instantes finales, pero ahora no.

Lo mismo pasa con algunas series. Si sabes que hay 4 temporadas, inevitablemente sabes que el protagonista sale de todos los embrollos de cada capítulo y temporada. Matarán a algún personaje secundario, cuanto más simpático mejor, para ponernos el corazón en un puño, pero el prota sigue, al menos 4 temporadas más, joder, que le dieron un premio Emmy y un TP de Oro la semana pasada.

Creo, y voy llegando a donde quería llegar, que es imprescindible que haya ficción que rompa esto. Subvencionada por un grupo de benefactores, por un fondo que paguemos entre todos, pero que propicie que entres a ver Batman un día y a los 10 minutos muera Batman. Aunque luego nos tengamos que tragar el funeral y 85 minutos de bajón. Así educarían al espectador en la catástrofe inminente. Por un bien superior. Para volver a disfrutar y entrar al trapo.
Porque ahora somos espectadores resabiados, como el toro Ratón.

jueves, noviembre 07, 2019

Una verdad incómoda

Ha llegado el momento de decir una cosa que llevo tiempo pensando. Más o menos 30 años.


En el programa de televisión El Precio Justo los concursantes debían acercarse al precio ("sin pasarse") de unos determinados bienes de consumo.
La mecánica del programa era sencilla, emocionante e incluso participativa, porque permitía gritar un precio desde casa, en sana competencia familiar. Aunque algo subyacía todo el tiempo, un tabú del que nadie quería hablar.

La Ley de Ordenación del Comercio Minorista (7/1996) establece que el comerciante tiene libertad para fijar los precios de su negocio, salvo que se trate de productos de primera necesidad o materias primas estratégicas.
En el mercado de valores o en una lonja, por ejemplo, puede disponerse de información de precios actualizada, ya sea de una acción o de una merluza. Pero hace falta una investigación compleja para conocer los precios de la cesta básica que se miden con el IPC. Porque el comerciante trata de adivinar el valor que su cliente da a un producto y fijar un precio en consecuencia. Además el precio es una variable táctica de marketing que puede ser modificada de forma casi inmediata, por lo tanto es imposible conocer el precio exacto de un bien en un momento preciso, salvo que exista un monopolio.

Ergo, todo lo que vivimos junto a Joaquín Prat en El Precio Justo fue una  gran farsa.