jueves, diciembre 01, 2011

Creocentrismo

Nos gustaría hablarte sobre el queso

A propósito del dragón en el garaje de ayer, me ha dado por pensar en cómo el español medio se enfrenta a lo sobrenatural. "España, en su concepción religiosa, es una tribu del centro de África" decía Max Estrella, el bohemio con nombre de cerveza que creó Valle-Inclán. Se refería a nuestra vertiente supersticiosa, la iconofilia, la creencia simple, la pose, el "a mí que me registren". Observemos por un instante que es mucho más fácil creen en algo que pensar en algo.

Y hablo de creer de verdad, no de disimular como hacen el 83% de los católicos (y el 95% de los que se inventan estadísticas). Dicen que creen, pero luego todo son "ya, claro, eso no". ¿Cómo que "ya, claro, eso no"?. ¿O crees o no crees?. Salvo los sacerdotes, clérigos y misioneros (que pueden aprovechar el sistema para hacer el bien, el mal o el regular) a ti lo único que te aferra a la religión es tu fe, pero si encima no tienes eso ¿qué pasa? ¿que sólo crees un poco?. Vete por ahí. Flojo. Hereje.

Porque en España, a medida que se acumulan los agnósticos y los tibios de corazón, en contra de lo que podría pensarse, se cree mucho más. Nuestro hecho religioso ya no puede compararse con la subculturas aisladas en la jungla. Somos mucho más simples.
Conservamos de otras épocas la militancia, la antítesis, las hogueras, la idiotez y el verbeneo.

Aquí uno no tiene una ideología, una perspectiva social, una ética, aquí uno es del PSOE, o del PP, o de IU, o del Betis. Como el que tiene una revelación, una zarza ardiendo o un arcángel anunciador.
Una vez allí, empuñando nuestra creencia, la escala de valores es lo de menos. Siempre habrá una justificación para "los míos". Por ejemplo, yo mismo rara vez tengo la culpa de nada, y menos de lo idiotas que sois todos los demás.
Hombre, pobre sacerdote, bastante tiene con la tentación que le ponen delante esos chiquillos... Yo, como persona profundamente de izquierdas, pienso de que los que son más ricos que yo... Mira, a mí los negros la de aquel, pero a los rumanos no los trago, y ojito con los chinos...

Hace tiempo que es la creencia la que legitima, no el discurso.
Primero creemos y luego gastamos el resto de nuestra escasa inteligencia en justificar nuestras creencias. Como busca sacar de contexto a un autor clásico aquel benedictino de la edad media, encerrado en una biblioteca (ahora en internet, que con el porno y los chistes es mucho más ameno).
Claro que nuestra intuición, nuestro feeling, nuestro lado irracional, tiene un peso importante en la forma de ver y disfrutar el mundo. Pero no hablo de eso. Hablo de cómo elegimos símbolos arbitrarios y hacemos que todo gire a su alrededor.
Del teocentrismo al creocentrismo.

La involución que se acerca debería llenarnos a la pureza del simio. Si se nos desvía por el lado de la hiena, mal vamos.
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11 comentarios:

El niño desgraciaíto dijo...

Chesterton dijo que cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa. Y tenía razón.

Una cosa es no creer y ser ateo de manera racional y convencida y otra dejarse llevar por lo más cómodo y, como tú dices, amoldar nuestro discurso a las creencias en lugar de pensar y luego, si acaso, creer.

Espartaco dijo...

Una gran reflexión. Sobre todo eso de somos mucho más simples. La comparto al 100%. De eso iba hoy mi entrada pero tu la cuentas mucho mejor, más claro y de forma más sencilla. Las creencias y la razón en muchas ocasiones son incompatibles. Es un debate viejo, tanto como la teología que hoy se puede rejuvenecer en política, en economía... y en el fútbol

PepitoGrillo dijo...

Algunos somos rarísimos, no somos de ningún partido, no tenemos religión, no somos forofos de ningún equipo y sólo creemos en lo que es contrastable y poco...
Me dan ganas de echarme a correr... pero ¿ hacia dónde... ?

Nancy Botwin dijo...

Creer no es fácil ni difícil.
Pensar, tampoco.

Reflexión post-siesta: puede que el discurso legitime ante los demás. La creencia, tal vez, ante uno mismo.

P.D. "Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón": humo en la ratonera.

HombreRevenido dijo...

Niño desgraciaíto, qué sabio Chesterton.
Amoldar nuestra creencias buscando lo fácil. Amoldar nuestra creencias a favor de corriente, la mayor parte de ocasiones.

Espartaco, está claro que uno puede convencerse de las cosas y luego creer fervientemente. Ojo, que eso es normal, e incluso bueno. Pero normalmente no somos así. Primero creemos fervientemente y luego buscamos las razones que justifiquen nuestro convencimiento.
Son difíciles de distinguir a veces.

Eres una rara avis, Pepito Grillo. No hay lugar en el que escondernos, ni siquiera dentro de nosotros mismos.
Venga, algún ramalazo de irracionalidad tendrás. Bueno, si es inconfesable no nos lo cuentes.

Nancy Botwin, maldita seas. Me fastidia que tengas razón en el matiz.
Yo me refería a esas ocasiones en las que creer es lo fácil. Es verdad que hay creencias que exigen valor y enfrentarse a muchas dificultades. Pero hay otras creencias que vienen prefabricadas, masticadas. Muchas veces nos esclavizamos por comodidad, nos creamos un Dios para tener un amo.

pazzos dijo...

No se preocupe. Ponga los ojos en blanco. Deje la mente en blanco. Nosotros nos encargaremos de blanquear su alma. Pero no se olvide de dejarnos firmado un cheque en blanco en el cepillo.

HombreRevenido dijo...

Pazzos, con un eslogan igual, pero en negro, ganó un señor las elecciones en EE.UU. (y en cualquier otro país). Total, cheques y votos son un poco lo mismo.

Nancy Botwin dijo...

"Maldita roedora" hubiese sido perfecto dada la ocasión.

Por cierto, qué bien sienta la siesta. Ferviente practicante me declaro.

HombreRevenido dijo...

Nancy Botwin, la siesta es mejor que casi todo.

PepitoGrillo dijo...

¡ Ostras! ¿ Te parece poca irracionalidad tener un blog y escribir cosas que nadie lee ?

HombreRevenido dijo...

Pepito Grillo, ¡yo lo leo!
Bueno, va, me has pillado. Sólo miro las fotos.