
En 1955, un Jorge Luis Borges ya completamente ciego es requerido para dirigir la Biblioteca Nacional, en Buenos Aires.
El genial escritor, recreándose en la paradoja, compone el "Poema de los dones".
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
(...)








Para terminar con la tríada, arriesgándome al empacho, hablaré de algo más local.
El baloncesto nació como una necesidad de realizar alguna actividad deportiva durante el invierno en el norte de EE.UU.. Al profesor de la Universidad de Springfield, Massachusetts, James Naismith le fue encargada esta misión, en 1891, de ingeniar un deporte que se pudiera jugar bajo techo, pues los inviernos en esa zona impedían la realización de actividad alguna al aire libre. (Igualito igualito a como lo pone en la wilkinspedia)




Sigo tratando de recuperarme de mi derrumbe físico. Al tiempo, sigo preguntándome a qué puede deberse (el cuerpo humano es un enigma).














