martes, agosto 18, 2009

Oceánico




En cuanto al amor, ya no había que contar con él: yo era sin duda uno de los últimos hombres de mi generación que se quería a sí mismo lo bastante poco como para ser capaz de amar a otra persona, aunque sólo fuera así en raras ocasiones, exactamente dos veces en mi vida. No había amor en la libertad individual, en la independencia, era pura y simplemente mentira, y una de las más burdas que se puedan imaginar: sólo hay amor en el deseo de aniquilación, de fusión, de desaparición individual, en una especie, como se decía antaño, de sentimiento oceánico, en algo que de todas maneras, al menos en un futuro próximo, estaba condenado.


Michel Houellebecq en "La posibilidad de una isla"
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3 comentarios:

Duende dijo...

Un francés que conduce un peugeot, tiene un perro y es amigo de Arrabal (Fernando, no de Teresa), y lo lees y se te remueve todo...

HombreRevenido dijo...

Ese es Houellebecq, sí, Duende. Un escritor peculiar. No me gustan algunas de sus poses, ni que venda tanto. Pero reconozco que me encanta su rabia y su incorrección política (excelente combustible para un escritor).

Orleans dijo...

Me fascina la palabra oceánico...