viernes, octubre 30, 2009

La tormenta perfecta


El Comité de Huracanes de la Asociación Regional de la Organización Meteorológica Mundial bautiza a los ciclones del Atlántico y del Pacífico utilizando el orden alfabético. Al huracán Arthur le sigue el Bertha, y luego Cristóbal, Dolly, Eduardo...

Curiosamente, nunca utilizan la letra CH, y hay dos teorias al respecto. La primera asegura que los anglosajones, que son una cultura inferior, carecen de esa hermosa letra compuesta. La segunda, que esa letra esta reservada eternamente a Chiquito de la Calzada.
Sospechaba que la segunda opción era la correcta. Desde anoche tengo la certeza.

Su irrupción ayer en un abarrotado THC (Templo de Huesconsin Carísimo, a.k.a. Palacio de Congresos) tuvo ráfagas de tropecientos trilobaudios por segundo. En sus primeros 20 minutos llevó al paroxismo a un público que ya venía riéndose desde casa, pero que no podía imaginarse que el mito se mantenía vigente como el primer día.

Ya me puedo morir tranquilo.
Estos ojos privilegiados vieron las cabriolas del maestro, su calva sublime, su caminar eléctrico.


Estos oídos escucharon el chiste del mono y el león (entre otros).
Así habló Zaratustra.
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4 comentarios:

lasa dijo...

Ey, gran experiencia ver a todo un clásico sobre las tablas. Por aquí hemos tenido el placer de disfrutar de unos poderosos Mamá Ladilla y de unos grandes de Aragón, los Gandules.

Parece que se están retomando las actividades culturales entre los jóvenes. ¡No todo está perdido! :-D

HombreRevenido dijo...

Un reconocido homenaje a los artistas del pueblo, a los artistas de verdad. Estoy contigo, Lasa, no todo está perdido.

Nana Nicotina dijo...

Qué envidia me da usted, francamente.
No me diga que contó también aquel de: -Papárl, papárl, llévame al circorl..., porque entonces algo dentro de mí se morirá un poco.
:)
En cualquier caso siempre me quedará Raphael...

HombreRevenido dijo...

Ese no lo contó, Nana Nicotina, puedes respirar tranquila.
Contó algunos de "Paparl paparl" muy buenos, pero ese no. Fue un espectáculo inigualable de todos modos.