viernes, noviembre 15, 2013

Golosinas deprimentes

Maño, mañico, golosina deprimente,
no hay quién se la coma.
La dejaremos en este rinconcito
para las hormigas


El otro día disfrutamos de Los Ganglios en concierto. En especial de esta tonadilla intitulada "El regalo".




Este es un tema complejo que da para post.
Por eso he preparado un ranking, que hace mucho que no hacemos listas. Un top.com8 de golosinas deprimentes. No están todas las que son, pero son todas las que están.

8
Manzanas caramelizadas

Vendidas como churros en las ferias, ¿quién no ha empezado nunca a comerse una?
Pero la pregunta es: ¿alguien se la acabó? Es el típico dulce trampa, como el algodón de azúcar, que mola mucho más cuando se lo está comiendo otro niño.


7
Bolitas de anís

Otro producto que nos entraba por los ojos. Normalmente venían en envases transparentes de plástico: un botijo, un porrón, un sonajero o una raqueta de tenis. Cualquier utensilio era válido. También se han utilizado (en exceso) a la hora de decorar tartas o postres. Un paso en falso de la civilización.



6
Castañas de mazapán

Me toca ir en contra de un típico dulce oscense, y me duele, pero es que nunca pude con las castañas de mazapán. siempre me han producido una especie de grima en el paladar.



5
Cigarros de chocolate

No nos vamos a poner ahora políticamente correctos a estas alturas, pero no pueden faltar en este ranking las golosinas inconvenientes. Espero que se sigan vendiendo cigarrillos de chocolate y que sigan teniendo ese sabor a chocolate rancio, sabor a decepción.




4
Rosco de vino

Habría que crear un ranking propio para los dulces navideños. Pero nada era tan denostado como el roscón de vino en las cajas de polvorones variados. Nunca tuvo sentido. Nada reflejó de forma tan fiel la depresión navideña de algunas personas.


3
Fruticas de Aragón

Abriendo el pódium nos encontramos con la "golosina deprimente" que aparece en la canción. Justicia poética. Drama cotidiano.



2
Adoquines del Pilar

Como ya dije en su día: "Alimento o un arma arrojadiza (no se sabe muy bien todavía) que se compone de dos partes: mazacote de caramelo y papel alusivo de excelente diseño y gusto.
A priori no está muy claro, pero la parte comestible es el caramelo. Se quita el papel, se lee la jota que lleva dentro, se persigna uno ante la estampa virgencística y luego se chupa el hexaedro"


1
Peladillas

Y como colofón, el absurdo hecho dulce. Si en Hallowen salieran los niños celtibéricos a las calles dirían "Truco o trato" y las ancianas responderían: "¡Putada!"

Tal vez la costumbre de regalar peladillas nos haya librado de esa tradición anglosajona.



Estoy segurísimo de que sois capaces de decirme muchas más golosinas deprimentes. Os animo a participar. Todo el que participe recibirá su peso en peladillas, a recibir el mismo día de su muerte, cuando se esté instalando en el infierno.

21 comentarios:

molinos dijo...

Madre mia que regresión he tenido con las bolitas de anis en los botijos de plástico transparente...

soy poco de chuches la verdad...pero mira que casualidad lo que he encontrado hoy

http://www.thisiscolossal.com/2013/11/color-coded-candy-by-emily-blincoe/

HombreRevenido dijo...

Impresionantes fotos, Molinos.
Espero que esos botijos de plástico se sigan fabricando todavía. Las bolitas de anís no las quiero, os las doy o las tiro, pero el botijo es un icono.

Aquello noerayo dijo...

Pastas de coco. Siempre se quedaba en la bandeja junto al turrón duro y al blando

Angie R M dijo...

Una vez casi me terminé una manzana con caramelo! 0_0
Y yo pondría los caramelos esos en forma de chupete, que te pringabas entera y no se acababan nunca.

NáN dijo...

Pero Hombre, Revenido! Si de enano no había ni chicles. Los primeros los conocí porque desde barcos de guerra norteamericanos nos los echaban a las jaurías de niños, como en una peli neorroealista italiana.

Si caía una manzana caramelizada, la comíamos entera y despacio, y nos quedábamos horas chupando el palito y sacándole sabor.

Y de ahí para abajo TODO (menos los roscos de vino y las castañas de mazapán.

¡Qué rico, casi todo!

pazzos dijo...

Está usted hablando con un fanático de los roscos de vino. Busque padrinos.

(Por cierto, ¿cuántos roscos de vino hace falta comerse para conseguir pillar un punto?)

Los adoquines aragoneses son la versión minimalista de los sepulcros que en Semana Santa se vendían por metros en Cartagena.

Anniehall dijo...

Menos mal, Pazzos. A mí me chiflan los roscos de vino.

Los pirulis esos de caramelo rojo chungo cubiertos de barquillo rancio. Eso si era decepcionante y deprimente.

Y los collares y relojes de cuentas de caramelo asqueroso.

El niño desgraciaíto dijo...

Yo creo recordar que además de los ladrillos esos del Pilar había una especie de martillos de caramelo también de difícil digestión...

A mí la fruta escarchada siempre me ha horrorizado y quito hasta la del roscón.

Las frutas de mazapán, no solo las castañas, son de lo más horrendo que hay en el mundo del dulce y a eso se le añade los colores fosforescentes que suelen tener.

Josan dijo...

¡Disiento! A mí de pequeño me encantaban los 'adoquines del pilar'. A veces mi padre me traía alguno de un viaje de trabajo a Zaragoza, y ver semejante pedazo de caramelo me parecía como el Tesoro del Pirata, en Mayúsculas, de una pieza. Reconozco que el caramelo era duuuro y correoso, pero tenía magia.
Y, leñe, ¡¡Las peladillas me gustan incluso ahora!!

Nisi dijo...

Los roscos de vino eran lo único de la caja de polvorones que me gustaba. Todo lo demás de la lista podría desaparecer de la faz de la tierra y no añoraría nada. Bueno, los roscos tampoco. Esos sí, el algodón de azúcar ni-to-car-lo. Aún me suelo comer uno al año, en víspera de Reyes...

HombreRevenido dijo...

Aquello noerayo, que difícil es la vida de las pastas de coco, tienes razón. Hay alguna regular, pero buena no hay ninguna (como las mujeres).

Angie R.M., gran mérito el tuyo. Yo una vez llegué al 60%, ese es mi récord y difícilmente sea superado.
Esos caramelos de chupete y todas sus variantes eran terribles, es verdad.

NáN, eso es como lo que me dice mi abuelo: "qué poca hambre has pasao, pajaro".
Las golosinas deprimentes son cosas de mi generación, que nos hemos criado muy hartos.

Pazzos, ¿otro duelo? ¿no te había matado ya la última vez que te ofendí?
Por cierto, los sepulcros son... son... un caramelo metáfora en sí mismo.

Anniehall, veo que con lo de los roscos de vino he pinchado en hueso. Me voy a ganar muchos enemigos...
No conozco esos pirulís que dices, pero los relojes de ese caramelo insulso eran deprimentes, sin duda.

Niño desgraciaíto, me suenan mucho esos martillos. Incomibles.
El mazapán es algo que tenemos que superar entre todos, como sociedad.

Josan, gracias por tu valiente testimonio. Por fin ha aparecido un cliente del producto, alguien que da la cara.
Y lo de las peladillas... no sé, ¿tú estás seguro de que estamos hablando de lo mismo?

Nisi, el algodón de azúcar lo dejamos, no quiero más conflictos.

Propongo una solución para el tema de los roscos de vino. Que los pongan todos juntos en una caja. Y que vendan las cajas de polvorones sin roscos de vino. Así segmentan perfectamente entre roscófilos y roscófobos.

NáN dijo...

Bueno, no nos pasemos en la fobia a los roscos. Allá por el 12 de enero, dos hermanos que se aman se pueden matar por el último rosco de vino, que es lo último que queda en la caja.

Lo que indica que tu abuelo tenía razón.

Anónimo dijo...

Nunca me gustaron las figuritas de mazapán hasta que probé las que traían mis suegros desde Toledo (año 1985). Siguen comprándolas pero ya no son como aquellas.

HombreRevenido dijo...

NáN, el hambre y la escasez crean valor. Es una gran lección para la vida.

Anónimo/a, ese es un enfoque muy interesante. Puede ser que haya probado siempre las peladillas rancias y malas. Tal vez si pruebo alguna vez una peladilla premium cambie de opinión, como esas figuritas de mazapán toledanas.

NaoBerlin dijo...

De Los Ganglios me quedo con su tremenda Escasez Lingüística en la Red, que ya es un himno xD Como no soy maño por lo de las "frutas" nunca lo he probado pero los adoquines sí :s De todas formas tengo que decir que los cigarrillos de chocolate chanaban mucho, aunque solamente fuera por la chorrada de verte como si estuviera fuamando.

HombreRevenido dijo...

NaoBerlin, un temazo, sin duda.
Los cigarrillos de chocolate son deprimentes, pero he de decir que de niño también me encantaban, además permitían aprender que fumar puede molar.

Anónimo dijo...

y las pajitas de sidral???? que las chupabas para abrirlas y ya no podias sacar nada...se quedaba como un pegote en la punta :(

Nacho dijo...

Me parece intolerable que ataque un manjar tan exquisitamente oscense como las castañas de mazapán.

¿Qué será lo próximo? ¿Criticar el chocolate de la Granja Anita? ¿Las gambas del Ri-Co-Cú?

Exijo una rectificación.

HombreRevenido dijo...

Anónimo/a. lo recuerdo perfectamente. Se apelmazaba todo y perdía la gracia. Qué catástrofe.

Nacho, después de buscarme la ruina entre los roscófilos ahora llegáis los castañófilos a rematarme.

Como penitencia me comeré una caja yo solito. Con envoltorio y todo.

sasadogar dijo...

Ciao,
menudo ranking te has marcao.

Yo estoy contigo en odiar las castañas de mazapán- no entiendo esa mezcla, con lo bueno que es el chocolate y lo vomitivo del mazapán, mala idea el mezclarlo-; los adoquines del pilar, ¿os acordais que habían de distinto tamaño, unos que daban para todo un año de grandes que eran?.
También daban mucha grima los anisetes de colores que emncionas, auqnue como ya han apuntado varios seguidores, molaban los botijillos en lso que iban metidos.

Añado a ese ranking, las piruletas gigantes redondas, con caramelo blanco y vetas arcoiris; cuando alguien regala ese caramelo, ¿cual es su finalidad oculta?.Que el niño destinatario muera de una sobredosis de azucar sin duda.

También me han dado un asco tremendo los Flash,esos helados que eran un rectagulo de plástico con líquido de colores y que sabían a rayos, pero comprabamos en Simar o en Marcuello a la salida del cole cuando empezaba el calor. Yo me dejaba llevar por la presión del grupo, lo reconozco ,y también los compraba aunque los tiraba enseguida.


Estoy en desacuerdo contigo sobre las peladillas; es un dulce que me encanta, con esos colores pasteles, rosita, azulito, amarillito.Y también me encanta su versión piñonera, con piñón en el interior.Qué ricos; aquí en valencia es muy típico y hay un pueblo Casinos que hace unas bueniiiisimas, junto con el turro de jijona....buenísimos.Vamos siempre a partir de noviembre a disfrutar de stos dulces y me encanta comer el turrón antes de Navidad, como hacía en casa de mis padres en Huesqueta.

Un saludet

sasadogar dijo...

Ciao,
menudo ranking te has marcao.

Yo estoy contigo en odiar las castañas de mazapán- no entiendo esa mezcla, con lo bueno que es el chocolate y lo vomitivo del mazapán, mala idea el mezclarlo-; los adoquines del pilar, ¿os acordais que habían de distinto tamaño, unos que daban para todo un año de grandes que eran?.
También daban mucha grima los anisetes de colores que emncionas, auqnue como ya han apuntado varios seguidores, molaban los botijillos en lso que iban metidos.

Añado a ese ranking, las piruletas gigantes redondas, con caramelo blanco y vetas arcoiris; cuando alguien regala ese caramelo, ¿cual es su finalidad oculta?.Que el niño destinatario muera de una sobredosis de azucar sin duda.

También me han dado un asco tremendo los Flash,esos helados que eran un rectagulo de plástico con líquido de colores y que sabían a rayos, pero comprabamos en Simar o en Marcuello a la salida del cole cuando empezaba el calor. Yo me dejaba llevar por la presión del grupo, lo reconozco ,y también los compraba aunque los tiraba enseguida.


Estoy en desacuerdo contigo sobre las peladillas; es un dulce que me encanta, con esos colores pasteles, rosita, azulito, amarillito.Y también me encanta su versión piñonera, con piñón en el interior.Qué ricos; aquí en valencia es muy típico y hay un pueblo Casinos que hace unas bueniiiisimas, junto con el turro de jijona....buenísimos.Vamos siempre a partir de noviembre a disfrutar de stos dulces y me encanta comer el turrón antes de Navidad, como hacía en casa de mis padres en Huesqueta.

Un saludet