lunes, junio 19, 2006

Confesión estre-mecedora



Definitivamente los lunes son una mierda. Eso lo sabemos todos, pero yo he descubierto una jugosa variante, el lunes después de trabajar el domingo.
No creo que la humanidad me bendiga por mi descubrimiento, pero al menos colaboro en la historia negruzca del pesimismo, como un Sartre cualquiera o un Kafka (el tuberculoso, no el bar-restaurante). Estoy rabioso, algo tendré que hacer.

Para compensar debería coger un spray de pintura rosa y darle un nuevo aire al mobiliario urbano. Pero maldita sea, eso ya lo ha hecho alguien antes que yo.

Es difícil ser original, por culpa de esos malditos dementes que piensan las cosas antes que yo. Seguro que este pensamiento tampoco es una excepción. Seguro que alguien dirá: ya hicimos una Academia para chimpancés y fue un fracaso. ¿Acaso me tiene que importar? ¿acaso en OT no sacan una remesa de zarigüeyas cada año o cada dos? ¿acaso no hacen una mundial de fútbol cada cuatro años y la gente disimula que sabe que es un remake?

Hombre Revenido son los padres. El mundial de fútbol son los padres. El día que te dan las vacaciones son los padres.

Por fin lo sabéis. ¿Cómo se os queda el cuerpo, eh, jipis?

5 comentarios:

Peibols dijo...

Ay, a mi se me queda muy mal cuerpo...
todas mis ilusiones revenidas a nada...

magog dijo...

siempre nos quedará el ratoncito pérez....

Mon dijo...

Los lunes son los padres. Los padres son los padres.

Peña Moya dijo...

Lo de pintar de rosa el mobiliario urbano ..... pues hombre, primero fueron setas rojas y blancas y luego otras azules, finalmente el color rosa, ¿porque no dar un aire nuevo?, animate hombre jejeje.

HombreRevenido dijo...

Ergo, los lunes son los lunes.
Mon, lógica pura (o casi), pero alguien tenía que tener el valor de decirlo.

Magog, el ratoncito Pérez nos enterrará a todos, tienes razón.

Peibols, ya siento haberlo dicho asín de golpe, pero es que me se pone mala virgen de lunes, me se llena la sangre de avispas y brrrr...

Peña Moya, quizás deberíamos hacer lo que dices, cada uno un color, como en el parchís. La ciudad enloquecería con tanto estímulo, fomentaríamos la polinización, entre otras cosas.