lunes, octubre 09, 2006

Budistas (2)

"El mundo, amigo Govinda, no es imperfecto ni se encuentra en vías de un lento perfeccionamiento. No, es ya perfecto en cada instante: cada pecado lleva en sí la gracia, en cada niño alienta ya el anciano, todo recién nacido contiene en sí la muerte, todo moribundo, la vida eterna. Ningún hombre es capaz de ver hasta qué punto del camino ha avanzado su prójimo; en el ladrón y en el jugador de dados aguarda Buda, en el brahmán puede ocultarse un bandido. La meditación profunda ofrece la posibilidad de abolir el tiempo, de ver simultáneamente toda la vida pasada, presente y venidera, y entonces todo es bueno, todo es perfecto, todo es Brahma. por ello me parece bueno todo lo que existe: la vida no menos que la muerte, el pecado tanto como la santidad, la inteligencia no menos que la estupidez. Todo ha de ser así, todo no pide sino mi aprobación, mi buena voluntad, mi comprensión amorosa; y en este caso es bueno para mí, sólo podrá estimularme, nunca podrá hacerme daño. He experimentado en cuerpo y alma que me hacían falta el pecado, la concupiscencia, el afán de lucro y la más ignominiosa de las vanidades para aprender a vencer mi resistencia, para aprender a amar al mundo y a no compararlo más con algún mundo deseado e imaginado por mí, con algún arquetipo de perfección inventado por mi cerebro, sino dejarlo tal como es, y amarlo e integrarme a él con gusto. Éstas, oh, Govinda, son algunas de las ideas que han acudido a mi espíritu"

(Siddhartha habla a Govinda, "Siddhartha", Hermann Hesse)

2 comentarios:

La empanadilla perdida. dijo...

La ignorancia es siempre muy atrevida. Tras leer el texto dos (o tres) veces desde mi mente occidental y alejada del Nirvana me ha quedado una pobre idea:¿Podría decirse que Siddhartha, tras años de meditación, ha llegado a lo que en Occidente se llamaría un estado de pasotismo absoluto? O es el equilibrio perfecto o un estado de emporramiento continuo...

HombreRevenido dijo...

No entiendo que sea pasotismo, Empanadilla, bien al contrario, es un realismo cristalino del hombre que entiende, tras una vida azarosa que sólo avanza cuando frena su impulso vital (y es un estado mental, no tiene nada que ver con estar meditando bajo un árbol o emporrado en un sofá o subido a un trapecio).
El idealismo occidental nos permite llegar, como mucho, a aquel "ama a tu prójimo como a ti mismo" del nazareno. El monismo budista va más allá: "ama a tu prójimo como a ti mismo, porque en el fondo eres tú mismo".