miércoles, junio 10, 2009

La grieta

Imaginad vuestra ciudad, vuestro pueblo, dividido por una línea en el suelo. Nadie puede franquearla. Si alguien pasa que se atenga a las consecuencias, le darán una colleja o un disparo. Si habéis compartido pupitre sabréis lo típicos que son estos juegos, y lo difícil que es resistir a la provocación.
El juego es perverso, sí. Ahora hagámoslo real. Sustituyamos la línea simbólica por un muro y alambradas. Eso era Berlín hace 20 años. Estremecedor. Familias separadas por la cartografía de un azar necio. Lo pienso y todavía me resulta inverosímil.

Si hay un hecho que fascinó a mi generación fue la caída del Muro.

El 9 de noviembre de 1989, Günter Schabowski, un burócrata del Partido Socialista de la Alemania Oriental, daba una rueda de prensa retransmitida en directo para todo el país. La gente asistía perpleja a los persistentes rumores de "vientos de cambio". Schabowski explicaba cómo iba a ser la ley de viajes que permitiría a los ciudadanos del Este salir de su país-cárcel.
Un periodista italiano, Riccardo Ehrman, preguntó: "¿Cuándo entrará en vigor?".
Schabowski titubeó, miró sus papeles. Nervioso, improvisó una respuesta: "inmediatamente".

Inmediatamente, después de 28 años, podía ser al mes siguiente, la semana que viene, mañana, pero el mensaje era como esas leyendas urbanas que uno está deseando creer. Inmediatamente también podía ser ahora mismo.

Mirad el vídeo:




Mucha gente en Berlín, entre anestesiada, acojonada y estupefacta, se quedó frente al televisor, sin reaccionar. Otros no, tímidamente se acercaron a los puestos fronterizos con un velo de esperanza. No gritaban, no había júbilo desbordado, era pura incredulidad. Esas manifestaciones silenciosas hicieron que el gobierno, abrumado, confundido por el desliz de su portavoz, decidiera ceder antes de tiempo.
La historia, la realidad, se escriben así, sin estampas para la posteridad, sin fotos para la galería. Tan sencillo como una voz que dice: "allí", "eh", "mira", una puerta ruinosa que se abre, varios pasos contenidos y ya está.

Un equipo de Informe Semanal estaba en Berlín y tras la rueda de prensa citada se acercó a un puesto cualquiera junto al muro, a vivir de cerca esa concentración espontánea de ciudadanos. Fue testigo de uno de esos momentos que hablan por sí mismos.
Observad las caras de la gente. Observad la impaciencia, el silencio, la normalidad.




A mi me emociona, en serio os lo digo.
Las banderas, los discursos, los fuegos artificiales, no son la vida.
Y mucho menos la historia.
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7 comentarios:

BabyJane dijo...

A mí también me emociona...Pero todo es tan absurdo que la indignación supera a la emoción.

Semos de lo peor...(Someone dixit)

HombreRevenido dijo...

Así es, BabyJane. El ser humano se empeña en crearse sus propias jaulas. Por eso es mejor evolucionar hacia el mono. Nosotros esas cosas nunca las haremos...
Eso espero, vamos.

Ra dijo...

Inenarrable :)

Diego dijo...

Yo me acuerdo de esas imágenes como si fuera ayer...

HombreRevenido dijo...

Sin palabras, Ra. O sólo con pocas. La imagen, por una vez, habla.

Diego, yo también me acuerdo como si fuera ayer. Pero es que yo lo volví a ver ayer, y claro, a lo mejor es por eso.
Momentos inolvidables, sí.

iza dijo...

Unos meses más tarde, una revista regalaba un trocito de muro y una muestra de nivea solar.

HombreRevenido dijo...

Iza, es nuestra naturaleza. Frivolizar es parecido a olvidar.