sábado, junio 19, 2010

El sueño de Resines - 1 - Sabe usted cómo acabó... LOS SERRANO


Mientras este chimpancé con traje está, seguramente, colgado de una lámpara, en plena celebración de un bodorrio, dejo programada esta entrada para comenzar la nueva sección con su capítulo piloto, el que da nombre a la serie.

Los Serrano fue una serie para toda la familia, con un humor finamente grueso y diálogos llenos de sabiduría e innovación lingüística.
Una casa grande llena de hermanos y medio-hermanos, con cierta tendencia al refocilamiento (todo sea dicho), al lío y al vodevil. Tenía todo para triunfar y triunfó a lo grande.
Luego vinieron las deserciones de los actores clave: Fran Pereza fue estrella del rancio-pop, Verónica Sánchez se fue a hacer cine de forma regular (en todas sus acepciones) y hasta Belén Rueda fue catapultada hasta el oropel del viejo Hollywood. Sobrevivió Antonio Resines, alma mater, hilo conductor. No importa que las tramas se enredaran y repitieran, con un trazo casi borgeano, eso ya daba igual, no había matemática en ello, 1 más 1 eran 7, quién nos lo iba a decir.

Imágenes en ropa interior, un reclamo para la juventud


Todo se fue enredando hasta el punto de que sólo era posible un final drástico, un deus ex machina que dejara a la gente flipando. Los guionistas, enredados en su propia tela de araña, llevaron la complicidad creada hasta el límite y le dijeron al espectador: ¿te acuerdas de cuando tenías 7 años y pensaste en una historia rocambolesca? ¿te acuerdas de cuando intentaste imaginar un final ingenioso y se te ocurrió que toda había sido un sueño? ¿te acuerdas de que te sentiste un genio de la narrativa contemporánea? ¿recuerdas que te costó poco tiempo darte cuenta de que ese final se lo podía ocurrir a todo el mundo, incluso de que ya se le había ocurrido a todo el mundo antes?
Pues los guionistas lo hicieron.
Con un par.
El mensaje fue claro: audiencia, es culpa vuestra.
Así, Diego Serrano rebobinaba, revivía plenamente, recuperaba a su esposa (no zombie) y todo había sido un sueño. Acaso todo lo que nos rodea sea simplemente un sueño, un estertor inútil de la voluntad.
Y aquí aparece, de pronto, contra todo pronóstico, la filosofía y la lírica, con la misma pujanza oriental que en el sermón de Benarés.
Si Schopenhauer levantara la cabeza...
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2 comentarios:

Orleans dijo...

Chorrocientos capítulos...cientos de horas de serie...y nos salen por Calderón, colega!!!! si es que fue tremendo!!!! hasta mi menda terminó frotándose los ojos lamentando que aquel sueño para mí fue una pesadilla :(

HombreRevenido dijo...

Orleans, fue una forma de acabar dejando huella, de eso no cabe duda. A mí me parece que hay que tenerlos cuadrados para dar luz verde a un final así. Y lo hicieron.