martes, junio 08, 2010

Gráfico didáctico


¿Qué piensan los padres cuando no respondes al móvil?


En verde: Que estás ocupado y no puedes contestar.

En rojo: Que estás muerto.

En azul: Que estás agonizando.

Antes, sin móviles, los padres se acostumbraban a la incertidumbre. En el fondo, todos nos acostumbrábamos. Salías por la noche, quedabas en un sitio y si no llegabas a la hora o tenías una cena con los del club de dominó... te tocaba buscar, en solitario. Podías tardar horas en dar con tus amigos.
Esa incertidumbre nos fortalecía.
Entonces éramos víctimas de nuestra indisponibilidad. Ahora, somos esclavos de nuestra disponibilidad.

Todavía hay días en los que intento no responder al teléfono. No lo consigo, pero mientras dura el propósito siento ese vértigo recién inventado.
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4 comentarios:

Orleans dijo...

Este exceso de control a mí me agota. Tanto es así, que con la excusa de estar en clase, pongo el mute y hala...no lo quito hasta que marcho a dormir...que es cuando desconecto totalmente porque es cuando aprieto el botón de Off. Me carga, me agobia, me asquea el móvil. Sé que devuelvo las llamadas con retraso, y que ha gente q se enfada conmigo, pero deben respetar mis "ausencias".

HombreRevenido dijo...

Yo no llego a tanto, Orleans. El móvil es una herramienta indispensable en mi trabajo y muchísimo más importante en mi vida personal. Pero es verdad que nos hemos acostumbrado tanto a él que parece que ya no exista vuelta atrás.

Por cierto, llevo desde las 8 sin cobertura de movistar. Por hablar.

Nana dijo...

En rojo: Que estás muerto.

En azul: Que estás agonizando.


Podría tratarse del caso de mi madre, pero no es exactamente así. Mi madre, cuando no le cojo el móvil, tiende, más bien, a pensar lo siguiente: que he sido secuestrada por la mafia rusa, drogada, prostituida, y contagiada de todo tipo de enfermedades venéreas; que, después de eso, me han vendido a una comuna de negros satánicos de enormes penes, que me han violado por todos los orificios de mi cuerpo [sin lubricante] después de haberme obligado a sacrificar ritualmente a varios bebés y beberme su sangre. Que, después de esto, me han abadonado a mi suerte, y he vagado sin rumbo por un tétrico bosque sin ropa de abrigo ni alimento durante dos semanas. Que, finalmente, al borde de la muerte por hipotermia e inanición y tras casi haberme vuelto loca de miedo por los extraños muñecos [obra, sin duda de la bruja de Blair] y ruidos del bosque, me he encontrado con un psicópata asesino caníbal, que me ha sometido a todas las torturas y vejámenes imaginables antes de matarme y comerme enterita. Y que de mi, en el momento preciso en que no estoy contestando a su llamada, sólo resta el dedo meñique del piez izquierdo. Y para eso, bastante maltrecho.

HombreRevenido dijo...

Nana, menos mal que tu madre está del lado del bien. Con esa imaginación seríais, ambas dos, unas peligrosísimas supervillanas.