martes, julio 28, 2009

Elbarómetro, el unicornio y los siete ninjas

Una anécdota de ciencia, a ver si os gusta porque con el calor y las vacaciones estáis de un rarito...


Un eminente científico es requerido por un colega para mediar en una disputa académica. El colega, profesor de física, iba a suspender a su alumno porque a la pregunta: "¿Cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro?", el insolente estudiante le había respondido: "Lleve el barómetro a la parte más alta del edificio, átelo a una cuerda larga, bájelo con cuidado hasta la calle y vuélvalo a subir; mida la longitud de la cuerda y ésta será la altura del edificio".

El científico, evidentemente, descubre la raíz de la disputa: el alumno ha dado una respuesta correcta, pero no satisface al profesor ya que se desvía de la materia que se evalúa en el examen. Ambos creen tener razón, como pasa casi siempre.
Conduce al alumno al aula de nuevo y le da una última oportunidad. Le concede 6 minutos para responder a la pregunta, eso sí, utilizando esta vez fundamentos de la física. Sin trucos.

A los 5 minutos el alumno no había escrito nada. El eminente científico, que era nada menos que Ernest Rutherford, Premio Nobel de Química en 1908 por sus descubrimientos sobre el nucleo atómico y la radioactividad, empezaba a pensar que estaba perdiendo el tiempo. Se lo recriminó al muchacho, llamado Niels Bohr, que recibiría el Nóbel de física en 1922, aunque entonces, en esa sala, nadie podía imaginárselo.
El joven Bohr le dijo que simplemente estaba decidiendo cuál de todas las soluciones que se le ocurrían era la más digna. Se decidió por la que sigue: "Lleve el barómetro al techo del edificio y colóquelo en el borde de éste: deje caer el barómetro midiendo con un cronómetro cuanto tarda su caída. Luego usando la fórmula 2h=gt2 usted podrá calcular la altura del edificio".

El profesor, satisfecho, dio por fin la respuesta por válida. Rutherford, al marcharse, recordó las dudas del joven y le pudo la curiosidad. Se acercó a él y le preguntó por las otras respuestas que había pensado.
Bohr se las enumeró:
1) En un día soleado tomamos el barómetro, lo medimos, luego medimos la sombra del barómetro y la sombra del edificio. Mediante una sencilla regla de tres obtenemos la altura del edificio.

2) Se va subiendo por las escaleras del edificio, con el barómetro de pie y pegado a la pared. Se coloca el barómetro en el suelo y se hace una marca. Luego se coloca el barómetro encima y se hace otra marca. Así hasta llegar a lo alto del edificio. Se cuentan las marcas, se mide el barómetro y con una sencilla multiplicación obtenemos la altura del edificio.

3) Si se quiere, hay un procedimiento mas sofisticado, se puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

4) Atando el barómetro con una cuerda y descolgándolo desde la azotea como un péndulo se puede calcular la altura midiendo su periodo de precisión.

5) Probablemente la mejor solución sería coger el barómetro, irse direcamente a ver al administrador o al portero del edificio y decirle: le regalo este barómetro si me dice la altura del edificio.

Rutherford, asombrado, le preguntó al alumno si conocía el método convencional, esto es, el cálculo de la altura en función de la diferencia de presión entre dos lugares. Bohr dijo que sí, que conocía esa respuesta, pero sus profesores, con todo el rollo del método científico y los desarrollos matemáticos complejos, le habían llevado a rebelarse. A rebelarse siguiendo sus enseñanzas: descartando lo obvio... es decir, pensando.


La anécdota es fantástica.
Tan fantástica es que es completamente apócrifa. Nunca la contó Rutherford, seguramente se la inventó su enunciador, un brillante divulgador llamado Alexander Calandra.
El caso es que es una historia que merece ser cierta. Y yo aporto mi granito de arena a la leyénda urbana, contándola a mi manera.

Por cierto, el título era simplemente una licencia poética para atraer vuestra atención.
.

8 comentarios:

Vecu dijo...

Pues sí, la historia merece ser cierta. Yo me la creo, además un chimpancé con peluca nunca miente, es de fiar, y más en temas de ciencias. Y el título merece ser el título real de la historia xDD, es cojonudo.

Diego dijo...

Buena historia, si, pero más ingenioso aún el título que es el que me ha hecho leer el texto íntegro con la vana esperanza de llegar al punto álgido en el que los 7 ninjas se batían sable en mano contra el Unicornio...

HombreRevenido dijo...

Los chimpancés con peluca decimos siempre la verdad los martes a primera hora, Vecu.
Si me dices el sábado a las 3 de la mañana... umm... ya no sé si pondría la mano en el fuego.

Diego, a veces la pedagogía exige estos trucos malévolos. Ya me disculparéis. Todo sea por vuestro bien.
Aunque pensándolo bien, a lo mejor 7 eran muchos, pero 3 o 4 ninjas podría haber metido en la historia sin restarle verosimilitud.

nhtg dijo...

Soy físico, y la mejor sin duda es la de regalarle el puñetero barómetro al portero si te dice la altura. Tendrá poca física, pero es la única que te daría de entre todas la altura con una cierta precisión, además de que implica un mejor conocimiento de la vida real (no la teórica)... no sé qué me da que esta se la inventó usted...

Ender Muab'Dib dijo...

Vaya, no sabía que fuese una historia inventada, pero estoy de acuerdo en que merece la pena seguir siendo contada: me encanta.

HombreRevenido dijo...

Te aseguro que no me la inventé yo, NHTG. Ojalá se m hubiera ocurrido a mí, pero se anticipó el bueno de Alexander Calandra. Y eso que al estar muerto podría haberle suplantado y... en fin, que si le hubiera ofrecido un barómetro a tiempo a cambio de los derechos de la historia otro gallo me cantaría.

Ender, la brumosa leyenda sabrá defenderse. Mañana no nos acordaremos quién era apócrifo, si tú, si yo, si la historia del barómetro de Bohr...
Yo, precisamente, no me he levantado hoy muy contrastado. Espero que se me pase a lo largo del día.

la maru dijo...

La historia del bar-o-metro es buena pero el título es inmejorable. Para cuando la del unicornio y los ninjas?.

HombreRevenido dijo...

Maru, haré pronto una versión para adultos con estos y otros personajes.
Que sé lo que os gusta en realidad. Menos ciencia y más tema.