domingo, junio 29, 2008

El desenlace

Aquí estoy de nuevo y como nuevo.
Podría decir que os he echado de menos, pero mentiría.



Como comprenderéis es inevitable que hable de el partido de esta noche y empiece remontándome al de hace 24 años, cuando perdimos esta misma final contra la Francia de Michel Platini (que hoy le devolverá la copa plateada a San Casillas, el ángel vengador).
Esa selección francesa de los 80 tenía algo que maravilló al mundo: su manejo de balón, su técnica depurada, su mediocampo lleno de bajitos clarividentes, ¿os suena?. Por dos veces, en el 82 y en el 86, la selección alemana derrotó a este equipo en las semifinales del mundial. Tomemos nota de eso también.

La selección española del 84 venía de la gesta del 12-1 a Malta, un exorcismo colectivo, y siempre será una de las más carismáticas de la historia, con Arconada, Maceda, Gordillo, Santillana... Perdió la final y sin embargo todo el mundo la recuerda. Ganar es importante, pero mucho más importante es enamorar... o respirar.
De aquel equipo que nos quitó las telarañas se volvió a oír hablar, dos años después, con algunos refuerzos como Butragueño, Míchel o Zubizarreta; estuvimos a punto de tocar el cielo en el mundial de México. Los penaltis fatídicos nos dejaron a las puertas de semifinales (el lance que el domingo pasado nos salvó). Recuerdo también el equipo que urdió Camacho con el liderazgo de Hierro, Guardiola y Raúl, al que fulminó la mala suerte, sobre todo con las lesiones en el Mundial de 2002.

Y aquí estamos, por primera vez a salvo del abismo atávico de los penaltis, con la suerte de cara, y con una generación de futbolistas sobrehumana, desde el portero milagro al delantero exportado con etiqueta de lujo. Un equipo sin complejos, acostumbrado a manejarse en los éxitos desde las categorías inferiores. Sólo tienen un punto débil, el banquillo, pero a pesar de ello siguen avanzando (y lo que es mejor, hubieran caído en el camino con honor). El lastre de Luis Aragonés, que pertenece a otra estirpe diferente, perdedora y ególatra, se percibe en la falta de alternativas. Por eso ha sido necesaria un poco de suerte. Aunque ninguna suerte parecida a que, ganen o pierdan hoy, el lastre desaparece y los futbolistas se quedan.

El salto cualitativo entre la última selección reseñable y la actual está seguramente en la proliferación de talentos extraordinarios. Si el equipo del 2000 tenía a Guardiola o a Raúl (líderes, campeones de Europa, referentes contrastados), este equipo tiene a 6, 7 u 8 jugadores que compensan todas las debilidades del grupo (tácticas, mentales, físicas y técnicas), jugadores que asumen responsabilidades en grandes equipos: Barcelona, Real Madrid, Valencia, Liverpool, Arsenal... que son jóvenes, osados, han superado todas las enseñanzas que recibieron, están diseñados para ver más allá.
Así que de quién es este éxito: ¿del entrenador maleducado, mentiroso, cobarde e incapaz? ejem... ¿De los 23 que se repartirán la prima? bueno, todos sabemos que allí hay gente sin trascendencia. ¿De toda la afición que les anima? seguramente hay algo, pero esos mismos, si el desenlace del España-Italia hubiera sido otro recordarían la maldición, el desastre, los cuartos (y las campanadas). ¿De los clubes que han forjado esos talentos? son demasiado erráticos para marcar una línea a seguir.
El éxito es de las madres: De María del Carmen la madre de Iker, de Paqui la madre de Sergio Ramos, de Rosa la mare de Puyol, de Maria-Mercé la mamá de Xavi, de Nuria la madre de Cesc, de Mari la mamá de Iniesta, de Eva la madre de Silva, de Dorita la madre de Villa y de María la madre de Torres. En definitiva, de todas las madres de España, que sufren con los penaltis más que nadie.

Por sí solos, estos 9 futbolistas, reforzados por un fichaje brasileño (que para tanto no damos), son un generador de juego espontáneo, impredecible, que tiene a la Europa futbolística con la boca abierta. Son una propuesta callejera, de patio de colegio, de aquel viejo proverbio que todo niño conoce, que la pelota es un juguete, y que un juguete se cuida con esmero, se disfruta y no se pierde.
Se enfrentarán a otra fórmula futbolística (ganadora también), menos exquisita pero igual de noble y valiente. Un equipo trabajado (aquí hay entrenador), sólido, fuerte, peligroso donde nosotros flojeamos (por arriba), vulnerable por donde nosotros destacamos (por abajo).
Habría que hablar del demonio germánico o de la Euro de las sorpresas. Pero yo me quedo con algo evidente: ni Lahm es Brehme, ni Metzelder es Briegel, ni Ballack es Matthaus, ni Klose es Voeller, ni Podolski es Rummenigge. Ni rodillo ni gaitas, que tiemblen ellos.

Me preocupa qué nos pasará si, por primera vez en toda la Eurocopa, nos toca ir debajo en el marcador, o si se lesiona alguno de esos jugadores sin sustituto fiable, o la poca competitividad interna del grupo. Lo mejor de este equipo es que parece tan bueno que supera hasta las imprevisiones o las negligencias de supuestos sabios.
Menos mal de las madres.
¡Ganad, chavales, por las madres de España!
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4 comentarios:

Orleans dijo...

Viva la madre que lod parió!Estoy convencida de que van a ganar.Lo merecen porque ha jugado un fútbol precioso.Al infierno con los germanos!Ya tienen 3 Euros y 3 Mundiales.Nos toca,ns pertence.Vamosssss!!!!

HombreRevenido dijo...

Nos tocaba y ya la tenemos de nuevo, Orleans.
Y nos libramos del cafre, por fin, no cabe duda de que el futuro parece inmejorable. Ahora hay que pensar a lo grande, a por el Mundial de Sudáfrica.

Leon dijo...

Yo sigo sin creermelo del todo, esto es realmente nuevo. Ha sido un título muy merecido, el equipo ha dado la cara siempre.

HombreRevenido dijo...

León, la naturalidad con la que se ha logrado me parece lo más sorprendente. Esta es una selección con muchos defectos y muchas virtudes, como las anteriores, pero ha logrado disfrutar, cuidar los detalles y ganar (o más bien, jugar para ganar, que el éxito a veces es caprichoso y otras vulgar, como en el caso de Grecia en 2004).