domingo, octubre 03, 2010

Cumbres


Una vez escribí una novela de montaña.

A ver... por favor, silencio...

¿Ya se han acabado las risas?. Venga, un poco de formalidad.

Que sí, que sí, que lo digo en serio. Una vez escribí una novela de montaña. Yo, que lo más alto que he subido ha sido un 9º piso y el último trecho lo hice en ascensor.
Me gusta el campo, el deporte y todas esas cosas, pero nunca me ha dado por el montañismo. Los monos somos de subir a los árboles y para de contar.

No creáis que tuve una inspiración súbita y ¡zas! me salió una novela de montaña, como el que pone un huevo. Todo empezó porque gané un premio de relato corto y un amigo que es power-ranger decidió que podíamos presentarnos a otro concurso. "¡Un millón de pesetas de premio!", dijo. ¿Un millón por un relato corto? ¿dónde estaba la trampa?. El tema tenía que ser la montaña o los viajes, ese era el truco. Mi amigo me aportaba una idea que tenía en la cabeza y el soporte técnico. Yo ponía las palabras, una tras otra. Sonaba bien.
El argumento era bueno, interesante. Andaba yo buscando las cuatro frases con las que transmitirlo cuando, una semana después, mi amigo me llamó para contarme que sí, que lo del premio era cierto, el tema también, pero que no era un relato corto sino una novela corta. Se trataba del Premio Desnivel. Toma nivel.

Uno es capaz de las mayores insensateces posibles, pero como la de aquel día...
Le respondí muy digno: "lo escribiré de todos modos". El teléfono es traicionero, ya sabéis, no te ven la cara y a uno le entran ganas de tirarse faroles. Tenía un boceto de historia consensuado con mi colega, pero con eso no llenaba 100 páginas ni a quíntuple espacio.
No lo pensé ni un momento. Pensar tampoco suele beneficiarme.

Yo estaba estudiando mi licenciatura de empresariales, no debía desenfocarme. Pero es que yo cuando me desenfoco me molo mucho más. Era eso, amor propio (la forma delicada de llamar a la vanidad cuando están sus padres delante).
No sé cuántos libros pude llegar a leerme. Tengo la suerte de tener algunos grandes amigos que, además, son montañeros. Lo fliparon un poco al principio, pero luego colaboraron. Intentaba participar en sus conversaciones y me fijaba en lo que decían y cómo lo decían. Les acompañaba a conferencias, consumía cualquier recurso disponible en cualquier biblioteca: películas, documentales, biografías, relatos de montaña... junté tantos folios de apuntes (todavía los conservo como una reliquia) que podría dar un cursillo: "La montaña en 10 días, sin moverte del sillón".

Y al final lo escribí. Conservé la idea primigenia en el clímax del penúltimo capítulo. Lo demás fue todo nuevo. Jamás había acometido un proyecto tan grande en mi vida, y jamás había escrito nada que tuviera más de 15 páginas. Me costó hacerme con la estructura, claro. No me costó ponerme en la mente de unos alpinistas, aunque parezca extraño.
En la vida de cada uno de nosotros hay retos, hay locuras, hay esperanzas... hay un Vignemale, un Eiger, un Annapurna o un Everest. Vivir es algo parecido a eso ¿o no?, enfrentarse a lo desconocido sin resignación, desafiante. Quien tenga un poco de sangre en las venas podrá entender las grandes pasiones que engendran los grandes riesgos. Le preguntaron a Mallory, (que murió a pocos pasos de ser el primer ser humano en coronar el Everest, mucho antes de Hillary y Tenzing) que por qué subía a las montañas. "Porque están ahí", respondió.
Me parecen palabras muy sabias.

Yo sospechaba que no iba a encontrar una definición mejor, por eso le puse un título acorde a los 22 años que tenía al escribirlo: "Sin respuestas".
Por si os lo estáis preguntando: No gané el millón de pesetas.

Gané mucho más.
La primera prueba fue con ese círculo de amigos que se habían involucrado tanto en el proyecto. Lo leyeron y les gustó. Se lo creyeron. No me hicieron cambiar ni una coma, ni un mosquetón.

Tres finalistas tuvo el concurso y yo estuve entre ellos. Imagino que sería porque sólo nos debimos presentar nosotros tres. El caso es que uno de los finalistas lleva ya escritos más de 20 libros de montaña y el otro era el célebre Pérez de Tudela, 30 libros y miles de expediciones a sus espaldas.
Aluciné un poco entonces y sigo alucinando ahora; pero claro, yo quería ganar. Incluso sabía en qué me iba a gastar el millón de pesetas del premio.

El caso es que me he acordado de esta historia hoy. Y no sé qué pensar.
Creo que a menudo se nos olvida que podemos hacer cosas más grandes que nosotros mismos. Como decía Borges, uno puede dar lo que no tiene, puede dar felicidad sin ser feliz, o puede dar miedo sin estar asustado. Añado una más: puede escribir una novela de montaña sin saber nada de montaña.

Hoy me he acordado del hombre que quería ser cuando escribí ese libro.
Tengo que esforzarme un poco más, la cumbre todavía está lejos y no me apetece perder más el tiempo.
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9 comentarios:

El guardian del Faro dijo...

Me es imposible creer que pierdas el tiempo. Aún cuando parece que haces cosas banales consigues grandes cosas....sigue así.

besos para el trayecto

molinos dijo...

¡Qué buen post y que buena historia y que buenas conclusiones!

Podías colgar la novela por entregas.

¿ Fuiste a Barrabés para documentarte? :P

Susana Navarro Sancerni dijo...

Niiiiiiiiiiño, que ya te estas pasando esa novela... que me has metido unas ganas impresionantes de leerla.

HombreRevenido dijo...

Guardián del Faro, gracias.
El trayecto dura toda la vida, cierto, aunque estoy en un buen momento para dar más pasos adelante. No llegar, que eso es terrible, pero al menos adelantar unas cuantas casillas (ahora soy un peón en medio del tablero).

Molinos, gracias. Me cuesta contar historias reales como esta, pero me inspiro en otros blogs que lo hacen y me acabo lanzando.

Estoy pensando en subir un fichero que se pueda descargar, no sé. Lo bueno es que pese a estar escrita hace tantos años no da vergüenza ajena (o en mi caso, propia). No cabe duda de que es una reliquia. Estudiaré la forma de difundirla.

No fui a Barrabés a documentarme, pero mis personajes compraban allí (la novela no lo dice, pero lo digo yo que los conozco).

Dina, si quieres leerla te la mando. Tiene cierto valor como curiosidad. Y sobre todo porque la voz es la mía, pero 12 años más ingenuo.

Susana Navarro Sancerni dijo...

Ya estas tardando en enviarla

molinos dijo...

Sube ese archivo.

Deberías ir a Barrabes, yo voy siempre y no compro más que libros. El año pasado me vendió uno tras interesante charla el mismísimo Sr. Barrabes, un libro sobre la estación de Canfranc que mola trillones.

HombreRevenido dijo...

Dina, ya voy. Que primero tengo que encontrar el archivo.

Molinos, lo haré.
Mi presupuesto de los 22 años no me permitía comprar libros, saqueé las bibliotecas (porque internet era un bien escaso) y fui a charlas gratuitas. Le echaré un vistazo a ese libro que dices.

Duende dijo...

Creo recordar que me gustó, incluso creo que lo tengo o tenía en papel... igual entre tanta mudanza acabó en un contenedor...
Si encuentras el archivo, me molaría tenerlo... o si no republicalo con una licencia CC para que todos podamos disfrutarlo.

HombreRevenido dijo...

Tú fuiste un colaborador, Duende. Y por eso tuviste una copia. Ya te pasaré una copia de la copia.

Por cierto te gustó muchísimo, hasta te emocionaste y todo. Luego te diste aquel golpe contra la mesilla y se te olvidó todo. Pero yo estoy aquí para recordártelo.