lunes, junio 27, 2011

Tamaños desmesurados, hipoalgesia, juegos con cubitos de hielo y las típicas palabrotas que se nos escapan a todos

Este calabacín fue seleccionado en el puesto 13 del pasado draft de la NBA por los Phoenix Suns

Dice un grupo fantástico de Facebook: "La lechuga no es saludable. Intenta saludarla, verás como no te responde". Sí, amigos, la cosa va de plantas bajas.

Respecto a la teoría de ayer, esa que dice que el tomate grita cuando lo troceas, estamos preparados para aportar más luz. ¿Es porque hemos investigado todo el día? Pues no, lo acabamos de mirar deprisa y corriendo.

En la Academia estamos convencidos de que el tomate no lanza vibratorios quejidos, qué va. Lo que está haciendo exactamente cuando lo cortas es cagarse en tu puta madre. Es un comportamiento un tanto grosero, pero hay que ponerse en su lugar.

"Decir palabrotas alivia el dolor" asegura Richard Stephens, quien junto a John Atkins y Andrew Kingston formó parte del equipo que recibió en 2008 el Ig Nobel por tan reveladora frase. Durante su trabajo escogieron a 64 voluntarios y les hicieron meter la mano en una palangana con hielo (utilizando la famosa técnica "no hay huevos"). A un grupo le pedían que mantuviera la mano congelada el mayor tiempo posible mientras describían la mesa, el recipiente, etc. A otros les pedían el mismo sacrificio, pero podían jurar en arameo, blasfemar, decir tacos que harían palidecer a Satanás.

El "equipo palabrotas" aventajaba en 40 segundos al "equipo prosa libre" (si realmente es eso una ventaja, que todavía no me queda claro).
De todo ello, los eminentes doctores dedujeron que las malas palabras nos ayudan a liberarnos del dolor.

Venga, llega el momento de las conclusiones.
La primera: que los tomates no opongan resistencia, más allá de sus insultos y blasfemias, me parece normal, una más de las habituales injusticias con las hortalizas (vegetarianos, os tenemos calados). ¿Pero los voluntarios del estudio? ¿habían hecho alguna promesa?.
La segunda: pensándolo bien, quizás ese comportamiento de los voluntarios no debería extrañarnos. Recuerdo que una vez en San Francisco solicitaron en un anuncio sádicos y masoquistas. Se presentaron seis para disfrutar del dolor ajeno y más de sesenta para recibirlo.
Y la tercera: ¿cómo puede ser que Little Richard tuviera semejante almendra?
Miren atentamente su foto con los Beatles. ¿Ese calibre de cabeza os parece normal?


Bien... esto... ¿por dónde iba?
.

10 comentarios:

El guardian del Faro dijo...

Pues...no se...a la mitad del título ya me había perdido.

;DD

Espartaco dijo...

Como siempre, incontestable

HombreRevenido dijo...

Guardián del Faro, el caso es que me parece que yo también.

Espartaco, qué vas a decir ¿verdad?.

Chic dijo...

¿Y lo chiquitica que tiene la cabeza el Beatle que no conozco? Si Little Richard abre la boca le cabe entera, así a lo Ángel Cristo.

HombreRevenido dijo...

Chic, debido al tamaño de la cabeza de Ángel Cristo (que Dios le tenga en su gloria) la comparación deja en buen lugar a las fauces de los leones.
A lo mejor frente a un león no se reían tanto los Beatles. O frente a Yoko Ono.

Aliena dijo...

Jajajajajajajajajajaja

Lo más inquietante la almendra de Little Richard, parece una foto retocada ¬¬

HombreRevenido dijo...

Aliena, todo es inquietante en esa foto ¿no crees?.

A mí me perturba exactamente lo mismo pensar que han retocado la foto como pensar que no.
En ambos casos tengo miedo.

Aliena dijo...

¡Dónde está Iker Jiménez! lo necesitamos yaaaaa XD

el Sr. Skywalker dijo...

Bueno, no era necesario malgastar un Nobel (y no me refiero a un cigarrillo) para llegar a esa afirmación. Todo el mundo sabe que C.J. Cela sufría de fuertes migrañas. De ahí lo de su inclinación por el léxico soez.
Y sí, amigos, lo de Little Richard era un eufemismo.

HombreRevenido dijo...

Aliena, eso, ¡¿dónde está Iker Jiménez?!, que mi desayuno no se va a preparar solo.

Sr. Skywalker, creo que mereció la pena el experimento por ver a esa gente sufrir con la mano entre el hielo.

Ah, y tenemos suerte de que Little Richard llevara sempre puestos los pantalones en público.