sábado, enero 12, 2008

El negocio del himno


Llevo todo el día preguntándome: quién coño es el Comité Olímpico Español para proponer una letra al himno de España que, se sabe, no tiene letra (ni siquiera el antiguo régimen se atrevió a oficializar la versión de Pemán, de brazos alzados y sobacos al viento).
Imagino que los compis de viaje del COE, esos rateros de la SGAE, tendrán otros motivos. ¿Alguien los adivina? Los derechos de explotación de la Marcha Real se acabaron hace demasiado tiempo. Está claro que necesitarán algo más, una vez que ya se han asegurado de que el gobierno compre su favor con el canon digital y la ley de cine, en el acto de corrupción pública impune más reciente de la historia "democrática" (siempre las comillas). Como no pueden pedir la luna (de momento), qué mejor que autoasignarse la explotación del himno. Y luego la bandera, ya puestos.

Yo soy un creador (malo, pero lo soy). En el registro de la propiedad intelectual están mis obras. Nadie es dueño de esos derechos salvo yo mismo. No encuentro ninguna razón para someterme a las formas de la SGAE que no sea... ¡tachán!, el dinero. Eso es lo que se nos muestra sin censura: creadores, músicos, cineastas, guionistas, en su versión actual de cachorros amaestrados, lamebotas... y usureros.
Cuando su SGAE cobra en conciertos y obras de teatro benéficas ¿qué piensan los afiliados?. Cuando defienden que la cultura se basa en valores de propiedad privada olvidando que el lenguaje no les pertenece, las notas musicales tampoco, que las variaciones de la música popular repetidas hasta la saciedad no son nada original, que la cultura no les pertenece, ¿qué opinan?. Cuando criminalizan a la sociedad, o más bien, criminalizan a los demás por copiar una música (por decir algo) que ellos simplemente plagian ¿qué piensan?. Cuando recaudan por la simple posibilidad de que alguien use un DVD o un teléfono móvil para escuchar o visionar una de sus obras, afectando al resto de la sociedad, mejor dicho, coaccionando al resto de la sociedad, que es la que trabaja, por lo visto, para mantenerles ¿qué piensan sus asociados de sí mismos?.

Visiten la web de la SGAE, repasen su junta directiva y reflexionen. Yo lo he hecho. La gente es guay, hasta que se habla de lucrarse, entonces suena el zafarrancho y todo vale. A veces no es sólo lucrarse, es simplemente vivir sin trabajar.
No hablaré de que hay gobiernos que compran el silencio de los pseudoartistas. No, de eso no hace falta hablar. Hay unas elecciones en el horizonte y las dos únicas (menos mal) alternativas para ganar son dos "iniciativas serias" en manos de dos señores de derechas, Zapatero y Rajoy, con programas económicos de derechas (porque no existe otra posibilidad) y que tienen que diferenciarse de alguna forma.
Como en esas elecciones "a pies" de los partidos de fútbol de la infancia:
– ...monta y cabe, me pido a los artistas
– yo a los obispos
– mmm... jope... ¿quién me queda? la gran banca es como el balón, va con todos, y los medios de comunicación ya nos los repartimos ayer...

Dicho esto, la letra es un horror. Le faltan los pajarillos cantando y el rocío de la mañana anunciando un futuro mejor para todos, unidos pero diferentes, auténticos pero abiertos.
Me vale para Portugal. Nosotros mejor sin letra.
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4 comentarios:

Expatriado dijo...

Manda cojones. De verdad que esto es un desproposito.

Y si copiamos a los franceses o a los americanos (como solemos), las cosas iran a peor.

Manda cojones.

HombreRevenido dijo...

Lo de los franceses y los americanos con las descargas no tiene nombre, Expatriado, pero así no solucionarán el problema, porque no pueden legislar sobre tecnologías que están por aparecer. En España no se atreverán a enfrentarse con Telefónica, ya lo verás.

Lo del canon, qué más se puede decir, es una acto de rapiña más.

Orleans dijo...

Esto es tremebundo!Que se dejen de letras horteras y nos mantengan el porrompompom de toda la vida;que aunque horterilla,ya me lo sabía en el Casiotone.Jajaja.

HombreRevenido dijo...

O "Suspiros de España", o "Escándalo" de Raphael. Cualquiera vale, Orleans, pero esa letra cursi ¡no!.
Que el espíritu de Nana Mouskouri no nos posea, por Diosss.